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La sostenibilidad del modelo económico depende del crecimiento

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La sostenibilidad del modelo económico depende del crecimiento: el desafío de convertir las inversiones en desarrollo

El debate sobre la estrategia económica argentina ya no se limita a la estabilidad macroeconómica o al volumen de capital anunciado. La discusión central es cómo lograr que las inversiones en energía y minería impulsen la industria, el empleo, los salarios y el mercado interno.

Argentina enfrenta una cuestión decisiva para la sostenibilidad de su modelo económico: determinar si la estabilización y el crecimiento de los sectores exportadores podrán traducirse en una recuperación amplia de la actividad productiva.

El debate fue abordado en Ronda de Economistas (RDEco), el espacio de análisis económico de +Perfil, donde Laura Vernelli, Fabián Amico y Santiago Llull discutieron las condiciones necesarias para que las inversiones en energía y minería tengan un impacto más allá de las empresas y regiones directamente involucradas.

El punto de partida es una tensión entre dos objetivos. Por un lado, el Gobierno busca estabilizar la economía, sostener el equilibrio fiscal y atraer capitales. Por otro, persisten interrogantes sobre la capacidad de numerosas actividades productivas para competir, sostener el empleo y recuperar la demanda interna.

Estabilidad macroeconómica y crecimiento no son lo mismo

La estabilidad de precios, la previsibilidad normativa y el equilibrio de las cuentas públicas pueden mejorar las condiciones para invertir. Sin embargo, no garantizan por sí solos una expansión sostenida de la producción.

Para que la economía crezca de forma duradera, las inversiones deben generar nueva capacidad productiva, aumentar la productividad y crear oportunidades de empleo e ingresos. También necesitan vincularse con otros sectores para ampliar su efecto sobre la actividad.

Una economía puede registrar un crecimiento intenso en actividades exportadoras mientras otros sectores enfrentan dificultades. Por eso, la evaluación del modelo requiere observar no solo el producto agregado, sino también la composición sectorial del crecimiento, la evolución del empleo, los salarios y la inversión.

El desafío consiste en evitar que la estabilidad financiera se convierta en un objetivo aislado de las necesidades de producción y desarrollo.

El efecto derrame de la energía y la minería

El desarrollo de Vaca Muerta y de los proyectos mineros puede aportar divisas, inversión en infraestructura y demanda de servicios especializados. Sin embargo, el impacto sobre el resto de la economía depende de cómo se conecten esos proyectos con proveedores y actividades nacionales.

Laura Vernelli planteó la importancia de una política productiva que permita integrar las inversiones con otros sectores. Fabián Amico, por su parte, defendió la coordinación de políticas industriales y de expansión del mercado interno, mientras Santiago Llull puso el foco en las dificultades de compatibilizar la estabilización con las condiciones sociales y productivas.

Las diferencias de enfoque no eliminan una cuestión compartida: la generación de exportaciones no asegura automáticamente que los beneficios alcancen a toda la economía.

Los grandes proyectos energéticos y mineros suelen requerir capital intensivo y pueden generar una cantidad limitada de empleos directos en relación con el monto invertido. Su contribución puede ampliarse si demandan equipamiento, transporte, ingeniería, servicios técnicos y producción de insumos locales.

Cuando esos vínculos son débiles, existe el riesgo de que las actividades exportadoras funcionen de manera relativamente aislada del resto del sistema productivo.

La industria frente a la apertura comercial

La apertura puede ampliar la disponibilidad de bienes importados, reducir costos para determinadas actividades y aumentar la competencia. Pero también puede presionar a empresas nacionales que enfrentan diferencias de escala, productividad, financiamiento o costos de producción.

El resultado depende de las condiciones en que compiten las empresas y de su capacidad para reconvertirse. Cuando una actividad pierde competitividad, la ausencia de alternativas productivas puede traducirse en cierres, pérdida de empleo y deterioro de las economías locales.

Por eso, una discusión relevante es cómo combinar la integración comercial con políticas que favorezcan la productividad, la innovación, la capacitación laboral y el desarrollo de proveedores.

Esto no significa que todas las actividades deban producirse localmente, ni que toda empresa deba recibir apoyo estatal. El desafío es identificar sectores con potencial competitivo y facilitar la transición de trabajadores y empresas hacia actividades sostenibles.

El RIGI y la integración productiva

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones busca atraer capitales a proyectos estratégicos. Su evaluación, sin embargo, no debería limitarse al volumen de inversión comprometido.

También importa cuánto de esa inversión se ejecuta, qué infraestructura construye, qué exportaciones adicionales genera, cuánto empleo crea y qué vínculos establece con empresas nacionales.

Los beneficios del régimen pueden ser mayores si los proyectos impulsan cadenas de valor locales y contribuyen a ampliar las capacidades productivas. Esto requiere condiciones que permitan a los proveedores competir en precio, calidad, escala y cumplimiento de plazos.

La generación de divisas es otra dimensión central. Un proyecto puede elevar las exportaciones y, al mismo tiempo, demandar importaciones de equipos, insumos o servicios. Además, las empresas pueden tener compromisos financieros y necesidades futuras de remisión de utilidades.

Por eso, la contribución neta de una inversión a la disponibilidad de dólares debe evaluarse a lo largo del tiempo, no únicamente a partir de su anuncio o de su facturación exportadora.

Mercado interno, salarios y demanda

El mercado interno influye en la actividad de sectores que producen bienes y servicios para consumidores y empresas locales. Si los ingresos reales se debilitan, la demanda puede contraerse y limitar las ventas, la utilización de capacidad instalada y las decisiones de inversión de las empresas.

Una recuperación sostenida requiere que el aumento de productividad y la expansión de la actividad puedan traducirse en ingresos, empleo y consumo. Si los beneficios se concentran en pocos sectores y no se generan nuevos vínculos productivos, la recuperación puede ser desigual.

Las políticas de capacitación, infraestructura y desarrollo tecnológico pueden ayudar a mejorar la productividad. También es importante que el financiamiento y las condiciones regulatorias permitan a las empresas invertir y adaptarse a los cambios de la economía.

La dificultad consiste en sostener estas políticas sin perder de vista la estabilidad macroeconómica y las restricciones fiscales y externas del país.

Qué indicadores permitirán evaluar la sostenibilidad

Para determinar si el modelo logra un crecimiento amplio, será necesario seguir una serie de variables:

  • Inversión efectivamente ejecutada frente a los montos anunciados.
  • Evolución de las exportaciones y del saldo externo.
  • Acumulación de reservas y necesidades de divisas de los proyectos.
  • Empleo formal, salarios reales y productividad.
  • Actividad industrial, utilización de capacidad instalada y creación de empresas.
  • Participación de proveedores nacionales en los grandes proyectos.
  • Evolución del consumo y de las economías regionales.

Ningún indicador aislado alcanza para determinar el éxito o el fracaso de una estrategia económica. La evaluación debe considerar la evolución conjunta de la estabilidad, la producción y las condiciones sociales.

El dilema central de la economía argentina

La discusión no consiste necesariamente en elegir entre estabilidad y crecimiento, sino en determinar cómo hacer compatibles ambos objetivos.

Una estabilización que no logre reactivar la inversión productiva y el empleo puede enfrentar dificultades para sostenerse socialmente. A la vez, un crecimiento basado en desequilibrios macroeconómicos persistentes puede terminar debilitando la inversión y la actividad.

El desafío es construir un esquema en el que los sectores competitivos generen divisas y, al mismo tiempo, contribuyan a ampliar las capacidades productivas del país.

La conclusión: la sostenibilidad del modelo económico argentino dependerá de su capacidad para transformar la estabilidad y las inversiones en crecimiento persistente. El desarrollo energético y minero ofrece una oportunidad, pero el resultado final estará condicionado por la integración con la industria, la creación de empleo, la evolución de los salarios y la disponibilidad sostenible de divisas.

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