Ecología

Captura de Carbono para combatir el cambio climático

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La captura de carbono, o captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS, por sus siglas en inglés), es una tecnología clave para combatir el cambio climático al reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de fuentes industriales y energéticas. Esta revisión integral examina avances, desafíos y perspectivas, basándose en revisiones científicas recientes. Según un estudio publicado en ScienceDirect, el CCUS implica capturar CO2 de procesos como la generación de energía, utilizarlo en aplicaciones industriales o almacenarlo permanentemente en formaciones geológicas. Tecnologías como la absorción post-combustión, la oxicombustión y la captura pre-combustión han avanzado, con proyectos a gran escala demostrando viabilidad.

Ejemplos en el Mundo

Proyectos emblemáticos incluyen el Sleipner Project en Noruega, operativo desde 1996, que captura CO2 de gas natural y lo almacena en formaciones submarinas, evitando millones de toneladas de emisiones. En Canadá, el Boundary Dam captura el 90% de CO2 de una planta de carbón para almacenamiento geológico. El Gorgon Project en Australia inyecta CO2 en reservorios subterráneos, mientras que en EE.UU., el Illinois Industrial CCS Project y el Alberta Carbon Trunk Line manejan emisiones de fertilizantes y etanol. A nivel global, hay más de 1,000 proyectos, con 228 en operación en 2024.

Potenciales Negocios

Oportunidades incluyen startups en CCUS como Climeworks para captura directa del aire, o empresas en infraestructura de transporte y almacenamiento de CO2. Inversiones en créditos de carbono generan ingresos, con potencial en sectores como petróleo (e.g., Occidental Petroleum) y empleos en operaciones de captura, estimados en 131,000 para después de 2035. Modelos de negocio emergentes involucran trading de CO2 capturado y alianzas con industrias pesadas para emisiones net-zero.

Sin embargo, el escepticismo persiste. Críticos argumentan que el CCUS podría retrasar la transición a renovables, actuando como excusa para prolongar el uso de fósiles. Problemas en proyectos noruegos, como fugas y altos costos, resaltan desafíos técnicos y económicos. Estudios de instituciones como Stanford y Princeton enfatizan su rol complementario, no sustituto, en la mitigación climática. Una integración con producción de hidrógeno muestra potencial para reducir emisiones en procesos industriales.

En resumen, aunque el CCUS es prometedor para descarbonizar industrias pesadas, su éxito depende de avances tecnológicos, incentivos políticos y monitoreo ambiental. Como herramienta transicional, debe combinarse con renovables para lograr metas net-zero, equilibrando beneficios con riesgos.

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